Cada 15 segundos, un agujero negro a 37 500 años luz de nosotros se estremece silenciosamente. NICER, el estetoscopio de rayos X en la EEI, escuchó este débil ritmo, parecido a un latido cósmico. Resultó que tanto las oscilaciones rápidas del disco como la pulsación lenta obedecen a una misma ley: el disco se comprime y se expande, como si respirara. Estamos aprendiendo a leer este cardiograma, y en el futuro, a medir directamente el espín del agujero negro por su pulso.
🎯 El nombre «latido» para las oscilaciones de acreción se utilizó por primera vez en 2011 para la fuente GRS 1915+105. El telescopio NICER, instalado en la EEI, fue concebido para medir con precisión el tamaño de las estrellas de neutrones, pero su resolución submilisegundo resultó ideal para registrar las rápidas pulsaciones de los agujeros negros.
🎬 La débil pulsación del agujero negro recuerda a la actividad cuasi-rítmica del océano en «Solaris» de Lem o al parpadeo del disco de acreción de Gargantúa en «Interstellar». Todavía no es inteligencia, pero ya no es mero caos.