Imagina que intentas escuchar un susurro en una plaza ruidosa. Los astrónomos, usando el telescopio Chandra, no vieron emisión de rayos X del extraño púlsar J0901-4046 con un período de 76 segundos. Resultó que su potencia es demasiado baja para una enana blanca, pero justo la adecuada para una estrella de neutrones. ¿Quizás estos objetos no brillan debido a su rotación, sino gracias a sus campos magnéticos?
En las profundidades de nuestra Galaxia, los astrónomos encontraron un púlsar inusual: una fuente de destellos de radio que se repiten cada 76 segundos. Los púlsares comunes son estrellas de neutrones de rotación rápida, que tras una supernova (la explosión de una estrella masiva) quedan del tamaño de una ciudad; el concepto mismo de estrella de neutrones fue anticipado por Fritz Zwicky. Pero este gira sospechosamente lento. Los científicos supusieron que en su interior hay una enana blanca, otro tipo de remanente estelar predicho por Subrahmanyan Chandrasekhar. Una enana blanca, como un pesado volante de inercia, podría almacenar suficiente energía de rotación para los destellos de radio incluso con un giro lento.
Para comprobar la suposición, apuntaron el telescopio espacial Chandra hacia el objeto. Se esperaba que aparecieran rayos X si el campo magnético giratorio arrancaba de la superficie de la estrella un flujo de antimateria: partículas ligeras, gemelas de los electrones ordinarios. Estas se aceleran casi hasta la velocidad de la luz y brillan en rayos X. Pero una precisa espectroscopía (el estudio de la luz por colores) no registró ni un solo fotón. Si allí hubiera una enana blanca, la emisión sería decenas de veces más brillante: el telescopio sin duda la habría visto. Entonces, la enana blanca queda descartada. Para una estrella de neutrones, la potencia de rotación calculada es baja, pero tampoco se ven sus rastros.
Entonces, ¿qué alimenta este radiofaro? Lo más probable es que sea el gigantesco campo magnético de la estrella de neutrones, cien billones de veces más fuerte que el de la Tierra. Esto recuerda a una linterna de bicicleta cuyo brillo no proviene del giro de la dinamo, sino del zarandeo del imán: el campo magnético de la estrella de neutrones cambia y se reconecta, liberando energía sin necesidad de una rotación rápida. Ese campo poderoso puede incluso afectar la dilatación del tiempo cerca de la estrella. El descubrimiento también se relaciona con las ondas gravitacionales, esa ondulación del espacio que estos objetos pueden generar. Nos recuerda que, junto a los agujeros negros, hay otros habitantes del universo no menos asombrosos.
🎯 El primer púlsar, descubierto en 1967, fue llamado inicialmente LGM-1, pensando que eran señales de radio de extraterrestres.
🎬 En la novela de ciencia ficción «El huevo del dragón» se describen seres que viven en una estrella de neutrones, donde el tiempo transcurre un millón de veces más rápido que en la Tierra.