Imagina que la energía oscura, que separa el Universo, alguna vez funcionó al revés: como un resorte que primero se comprime y luego se expande. Los científicos probaron esta idea y vieron que no contradice las observaciones e incluso resuelve algunas discrepancias. ¿Habrá vivido nuestro Universo un momento de 'cambio'?
Imagina que vas en bicicleta. Al principio, la cadena está en una marcha baja: pedalear cuesta, la velocidad cae. Luego cambias suavemente a una marcha alta y empiezas a acelerar. Algo parecido podría haber ocurrido con todo el universo. El modelo habitual dice que la energía oscura es siempre una repulsión que hace que el universo se expanda cada vez más rápido. Pero entonces no cuadran las cuentas: las mediciones del universo primitivo (según su 'foto de bebé', la radiación de fondo de microondas) dan una velocidad de expansión, y las explosiones de estrellas lejanas, que ya estudió Edwin Hubble, dan otra muy distinta. La diferencia es como si el velocímetro marcara 100 km/h y una cámara en la carretera 130, aunque ambos aparatos se basen en el mismo patrón: la velocidad de la luz. Esta 'tensión de Hubble' es un verdadero misterio.
El nuevo modelo, verificado con estudios espectrales y datos del hidrógeno primordial, resuelve el problema. En el pasado, la energía oscura era negativa, es decir, atraía como un freno invisible. Luego se volvió positiva y empezó a repeler. Esto explica por qué las mediciones actuales dan una velocidad mayor que las antiguas. La teoría, iniciada por Georges Lemaître y reforzada por las observaciones de Vera Rubin, tiene una sorprendente continuación: la propia 'materia oscura' resultó ser dinámica. Quizá estén implicados efectos cuánticos de los primeros instantes tras el Big Bang.
🎯 La energía oscura negativa funcionaba como un pozo invisible: atraía todo con más fuerza que la materia normal en el universo primitivo, frenando la expansión. Solo se pudo salir de esa 'trampa gravitatoria' cuando la energía oscura cambió de signo, hace unos 3–4 mil millones de años.
🎬 La idea de una energía oscura que cambia sus propiedades recuerda a los universos cíclicos de la trilogía 'El problema de los tres cuerpos' de Liu Cixin, donde las leyes fundamentales pueden alterar su carácter.