El telescopio de rayos gamma Fermi ha mapeado miles de potentes explosiones de luz. Muchas provienen de objetos familiares: púlsares — faros estelares, y núcleos galácticos activos — resplandores alrededor de agujeros negros. Pero más de dos mil fuentes no han sido identificadas. Quizás entre ellas haya señales de materia oscura — el andamio invisible de las galaxias. La búsqueda está inspirada por los trabajos de Vera Rubin, Jocelyn Bell Burnell y Roberto Peccei.
El método se asemeja a un catador con dos batidos. Uno es el sabor puro de un plátano conocido (radiación de objetos familiares). El otro es el mismo plátano con una gota de jarabe desconocido. El aprendizaje automático los compara y encuentra diferencias sin la 'receta' del aditivo. Al algoritmo se le alimentan mediciones de brillo reales y descomposición de la luz del telescopio, así como modelos computacionales de espectros.
Este cribado no sustituye el análisis detallado, sino que es una forma flexible de seleccionar candidatos. Es especialmente importante cuando la señal es desconocida, ya sea materia oscura o nuevas partículas. Se planea filtrar todo el catálogo de Fermi para que ninguna anomalía pase desapercibida.
Más de dos mil fuentes de rayos gamma en el catálogo de Fermi permanecen sin identificar, superando el número de púlsares conocidos o núcleos activos. Un universo oculto espera a su descubridor.
Como en la novela 'Materia oscura' de Blake Crouch, la búsqueda de fuerzas invisibles que alteran la radiación de objetos lejanos se asemeja a un detective sobre una realidad oculta.