En el núcleo de vidrio se entrelazan 24 hilos cuánticos, dóciles al director de orquesta térmico. La inteligencia artificial calibra su danza con un error de solo el 0,3 %; y así, tareas para las que una supercomputadora clásica no tendría suficiente tiempo ni con la edad del Universo, se resuelven en la palma de la mano. El vidrio aprende a ser un cerebro.
🎯 El vidrio del procesador es casi el mismo que el de las pantallas de los teléfonos inteligentes, pero su excepcional transparencia y estabilidad térmica lo convierten en un lienzo ideal para el «bordado» láser de guías de onda. Las ranuras de aislamiento térmico de 60 micrones (más finas que un cabello humano) reducen el ruido térmico en órdenes de magnitud, como la insonorización en un estudio de grabación.
🎬 El procesador óptico universal resuena con las computadoras de luz de «Snow Crash» de Neal Stephenson, donde la información se procesaba mediante hologramas y redes neuronales ópticas. Los chips actuales son el primer paso para que la luz no solo ilumine, sino que también piense.