El haz de una linterna en la niebla se descompone en miles de pequeños puntos débiles. Cada uno de ellos es luz que se ha reflejado muchas veces en las gotas de agua antes de llegar al ojo. Para entender este desorden, los físicos elaboran una tabla especial: la matriz de dispersión. En ella se registra cómo cada rayo entrante se convierte en un conjunto de rayos salientes.
Los autores del nuevo trabajo no usaron niebla, sino una esfera de vidrio individual, el dispersor más simple. La iluminaron con un láser desde diferentes ángulos y registraron cómo la luz emergía en todas direcciones. Para ello utilizaron holografía: el haz láser se mezclaba con un haz de referencia y, a partir del patrón de interferencia, reconstruían la onda de luz completa, no solo su intensidad, sino también su fase. Así lograron medir la matriz de dispersión con precisión hasta la polarización de la luz.
Tras corregir las distorsiones ópticas y recalcular los ángulos, la matriz medida coincidió con la teórica. Esto significa que el método funciona y ahora puede utilizarse como estándar para verificar medios más complejos, como los tejidos biológicos, donde la luz se dispersa en células y orgánulos.
La teoría de Mie explica por qué las nubes son blancas y el cielo azul: las gotas grandes dispersan todos los colores por igual, mientras que las pequeñas moléculas de aire dispersan más el azul.