El agua que se va por el desagüe forma un remolino. Algo habitual en cualquier cocina. Pero ese mismo remolino ha demostrado ser capaz de reproducir dos efectos que los físicos suelen asociar con los agujeros negros y la rotación de los planetas.
El primer efecto es el desfase de una onda al rodear un obstáculo. Una persona rodea una columna y su sombra en la pared se desplaza, aunque haya vuelto al punto de partida. De manera parecida, las olas que rodean el remolino adquieren un desfase que depende de cuánta agua pasa por el desagüe. Este desfase lleva el nombre del físico Yakir Aharonov y de su colega Bohm, que describieron un comportamiento similar en electrones dentro de un campo magnético.
Esta coincidencia no es casual. Las matemáticas que describen las olas en el agua resultan casi idénticas a las ecuaciones de las partículas en un espacio-tiempo curvo. La única diferencia es que el papel de la gravedad lo desempeña la velocidad de la corriente. Así que un remolino en un tanque es un modelo a escala del universo, donde se puede tocar con las manos lo que normalmente se esconde en las ecuaciones.
El desfase de la onda en el remolino se conserva incluso si la onda lo rodea varias veces, como la aguja de un reloj que acumula retraso con cada vuelta.
En la película Interestelar, los protagonistas ven cómo la rotación de un agujero negro arrastra el espacio; con un remolino de agua este efecto se puede reproducir en un garaje.