Imagina un circuito eléctrico donde un fuerte pulso de onda crea para una señal débil algo así como un «horizonte de eventos»: una frontera que la señal no puede cruzar. Los científicos descubrieron que en este sistema no surgen inestabilidades peligrosas y calcularon cómo vibra después de una perturbación, como una campanita que suena tras ser golpeada. ¿Qué más pueden contarnos estos «agujeros negros» artificiales sobre los reales?
Un agujero negro es un remolino que ni siquiera deja escapar la luz. Su horizonte de sucesos fue recreado en un circuito superconductor, donde los elementos crean una trampa para las ondas. Al acercarse al límite, las señales se estiran y el tiempo se ralentiza. Schwarzschild y Hawking explicaron la naturaleza de estos objetos.
Un nuevo estudio, con los métodos de Penrose y modelos numéricos, demostró que cualquier perturbación en esta trampa no crece, sino que genera un tañido: no un tono musical, sino un golpe sordo, como una piedra que cae al agua y se calla al instante. Las mediciones de este tañido permitirán “escuchar” el espacio-tiempo curvado y construir amplificadores cuánticos, convirtiendo la mesa de laboratorio en un campo de pruebas para las teorías de la gravedad.
Y si se unen dos de estos circuitos, surge un análogo de un agujero de gusano: un túnel a través del espacio, lo que acerca a los físicos a desentrañar la gravedad cuántica.
🎯 El término “coordenadas de tortuga” fue propuesto por Karl Schwarzschild para describir gráficamente cómo un objeto que cae tarda un tiempo infinito en alcanzar el horizonte.
🎬 Los agujeros de gusano, conocidos por la película “Interstellar”, conectan diferentes regiones del universo.