La búsqueda de ondas gravitacionales continuas procedentes de estrellas de neutrones en rotación, que a menudo se observan como púlsares, es uno de los objetivos clave de la astrofísica moderna. Desde el descubrimiento de Jocelyn Bell Burnell en 1967, estos objetos sirven como laboratorios de física extrema. A pesar de años de esfuerzos, aún no se han detectado señales débiles, pero incluso su ausencia impone estrictas restricciones a la estructura de los objetos compactos. Si dentro de una estrella de neutrones hay materia oscura, su contribución a la masa y la distribución de densidad puede alterar las ondas gravitacionales emitidas, lo que abre una oportunidad única para sondear el sector oscuro a escala de estrellas individuales.
Los investigadores construyeron un modelo de dos fluidos de una estrella de neutrones, que incluye materia bariónica y materia oscura fermiónica autointeractuante, capturada durante el colapso del progenitor en una supernova o a lo largo de la vida de la estrella. Se calculó cómo la materia oscura modifica el momento de inercia y cómo la distribución anisotrópica crea «montañas oscuras», una deformación cuadrupolar que emite ondas gravitacionales continuas. Luego, las predicciones teóricas se compararon con los límites superiores de la amplitud de onda obtenidos del análisis de datos de LIGO del tercer período de observación (O3). Este enfoque, basado en los desarrollos pioneros de Rainer Weiss y otros, permitió por primera vez restringir los parámetros de autointeracción de la materia oscura.
La comparación con los datos de O3 mostró que, para materia oscura con masas en reposo en el rango de 0,1–10 GeV y constantes de acoplamiento mayores que aproximadamente 10^−5,5 (en el escenario más optimista con una elipticidad de 10^−7 y una distancia de 1 kpc), tales estrellas de neutrones habrían sido registradas, por lo tanto, estas regiones de parámetros están excluidas. Bajo supuestos menos favorables (menor elipticidad, mayores distancias), solo se excluyen acoplamientos más fuertes que 10^−4. La elipticidad máxima permitida por las observaciones de ondas gravitacionales para estrellas con materia oscura resultó ser mucho más estricta que para las estrellas de neutrones ordinarias, debido al mayor momento de inercia.
El trabajo demuestra por primera vez que la búsqueda de ondas gravitacionales continuas puede servir como un método directo para probar hipótesis sobre materia oscura a escala de estrellas de neutrones individuales. Esto complementa las restricciones astrofísicas tradicionales, como las observaciones de cúmulos de galaxias, iniciadas por Fritz Zwicky en la década de 1930.
Con la puesta en marcha de detectores de próxima generación, como el Telescopio Einstein y el Explorador Cósmico, la capacidad de sondear materia oscura mediante ondas gravitacionales continuas se multiplicará. Las sensibilidades proyectadas permitirán probar modelos con constantes de acoplamiento de hasta 10^−6 para estrellas de neutrones a distancias de alrededor de 10 kpc, ampliando drásticamente el espacio de parámetros explorado.
Los resultados tendrán un impacto en la física de partículas de materia oscura, la astrofísica nuclear de estrellas de neutrones y la astronomía de ondas gravitacionales.
Los próximos pasos incluyen tener en cuenta los datos del cuarto período de observación de LIGO–Virgo–KAGRA y mejorar los modelos de captura de materia oscura en estrellas de neutrones considerando ecuaciones de estado realistas.
Esta investigación aborda cuestiones fundamentales sobre la naturaleza de la materia oscura y la ecuación de estado de las estrellas de neutrones, así como los mecanismos de formación de deformaciones cuadrupolares. Contribuye a resolver el problema de la falta de detección de ondas gravitacionales continuas.
🎯 Si la «montaña oscura» en una estrella de neutrones fuera visible, sería un bulto de menos de un milímetro de altura, pero con una masa comparable a la cordillera de los Andes.