Una estrella de neutrones es el núcleo muerto de una estrella que explotó, comprimido hasta el tamaño de una ciudad. Gira como un trompo perfecto. Pero si en su interior se acumula un grumo de materia oscura —una sustancia invisible—, se convierte en un montículo más fino que un cabello, pero con la masa de los Himalayas. Esa irregularidad hace que la estrella vibre ligeramente, y se emite una onda gravitacional: una ondulación del propio espacio-tiempo.
Al comparar el modelo con los datos del detector LIGO, los científicos no detectaron ninguna vibración. Esto significa que las partículas de materia oscura no pueden aglomerarse demasiado; de lo contrario, las ondas ya se habrían detectado. La búsqueda se centra en estrellas de neutrones, remanentes de supernovas que a veces se observan como púlsares (descubiertos en 1967 por Jocelyn Bell Burnell). La idea de cazar materia invisible dentro de las estrellas se viene gestando desde los años 30, cuando Fritz Zwicky sospechó que había masa oculta en las galaxias. Y el pionero de la caza de ondas gravitacionales, Rainer Weiss, soñaba con estos detectores. El silencio de hoy no es un fracaso, sino una pista: quizás en nuestra galaxia hay materia oscura escondida dentro de las estrellas, y la próxima generación de instrumentos logrará escucharla.
🎯 Si la 'montaña oscura' en una estrella de neutrones pudiera verse, sería un montículo de menos de un milímetro de altura, pero con una masa comparable a los Himalayas.