Ráfagas de radio — eco cósmico. Emisiones ultracortas de ondas de radio, al atravesar gas caliente y enrarecido en el medio interestelar, se retrasan tanto más cuanto más largo es el camino. Este retraso es como un eco de una pared lejana: cuanto más lejos, más tarda la respuesta.
Comparando el retraso con el estiramiento de la luz, los científicos midieron la velocidad de expansión del universo, magnitud que fue determinada por primera vez por Edwin Hubble. Hoy en día, dos métodos principales — por explosiones de supernovas y por el antiguo resplandor relicto — dan cifras diferentes: 73 y 67 (km/s por cada 3 millones de años luz). Adam Riess y el satélite Planck discrepan, mientras que las ráfagas rápidas de radio ofrecen un valor intermedio — alrededor de 69, suavizando la «tensión de Hubble».
Las propias ráfagas nacen en estrellas de neutrones con campo magnético extremo. Cada segundo, en algún lugar del cosmos, ocurren cientos de ráfagas similares; solo captamos una pequeña fracción de este eco. En el futuro, teniendo en cuenta la curvatura de la trayectoria de la señal por la gravedad y aplicando cálculos por ordenador, los astrónomos pretenden usar las ráfagas de radio para medir con precisión la energía oscura, la fuerza que separa el universo, sospechada ya tras las observaciones de Vera Rubin sobre la rotación de las galaxias.
La energía de una típica ráfaga rápida de radio es igual a la energía que el Sol libera en varios días, pero la ráfaga dura solo unos pocos milisegundos.
En el libro de Carl Sagan 'Contacto' se consideraba la idea de recibir señales de radio de extraterrestres; cuando se descubrieron las ráfagas rápidas de radio, también se sospechó que fueran de origen artificial.