¿Qué es la vida? Esa pregunta ya se la hizo Erwin Schrödinger. Hoy los físicos han encontrado una respuesta inesperada para las bacterias. Su ADN funciona como una receta de cocina que pasa de generación en generación en una 'panadería' viva. Mientras la receta no tenga errores, la vida sigue. Pero en cuanto aparecen tachones, el plato se echa a perder: eso es la muerte. La conservación impecable de la receta la llaman los científicos coherencia cuántica, y su ruptura, decoherencia cuántica.
Tomando como base la ecuación fundamental de la física cuántica y los métodos de Heisenberg y Dirac, los investigadores dedujeron una fórmula sencilla: τ = 1/λ, donde τ es la duración de la vida y λ la velocidad de acumulación de errores. Cuanto más rápido se 'emborrona' la receta, más corta es la vida. Un hallazgo sorprendente del modelo: dos bacterias con la misma receta no pueden ocupar la misma celda imaginaria, exactamente igual que dos electrones evitan estados idénticos (principio de Pauli).
Este enfoque convierte la muerte en una pérdida medible de información cuántica, en esencia, un colapso cuántico. Proporciona un criterio claro de lo vivo, especialmente valioso para la búsqueda de vida extraterrestre. Si una sonda encuentra moléculas con coherencia prolongada, será una biofirma. Y en la Tierra, los sensores cuánticos ayudarán a entender cómo el entrelazamiento dentro del ADN protege la salud y por qué envejecemos.
En el modelo rige la 'regla de una bacteria': dos microorganismos con el mismo ADN no pueden ocupar la misma celda imaginaria, igual que dos electrones no pueden estar en el mismo estado (principio de Pauli).