Los científicos estimaron la edad del Universo a partir de la edad de las estrellas más viejas de nuestra galaxia, usando datos de composición química y distancias, como si determináramos la edad de un bosque por sus árboles más viejos. Resultó que la estrella más antigua ha vivido unos 13,7 mil millones de años, lo que casi coincide con los cálculos cosmológicos (13,8 mil millones). ¿Pero pueden las estrellas ser más viejas que el propio Universo?
Los anillos anuales de un árbol cuentan la edad del bosque. De manera similar, las estrellas más viejas son cronómetros del Universo. Tras estudiar la luz de 155 600 estrellas en los alrededores del Sol, los astrónomos hallaron a la campeona: una estrella de 13,73 mil millones de años que recién empieza a inflarse para convertirse en gigante roja. Es tres veces más antigua que la Tierra.
Luego del Big Bang, las estrellas necesitaron 0,2 mil millones de años para encenderse. La suma —13,93 mil millones de años— coincide con las predicciones del modelo cosmológico estándar, que incluye materia oscura (el andamiaje invisible) y energía oscura (la aceleración de la expansión). Pero la tensión de Hubble (discrepancia en las mediciones de la velocidad de expansión) insinúa un Universo más joven, de 12,9 mil millones de años. Un Universo tan joven casa mal con la existencia de estrellas antiguas aquí mismo, en nuestra Galaxia. Quizá la solución no esté en el pasado, sino en los métodos de observación.
Las estrellas son testigos vivos, cuya huella química conserva rastros de explosiones de supernovas y los efectos de la dilatación del tiempo. Las bases las sentaron Georges Lemaître, Edwin Hubble y Vera Rubin: sus ideas se confirman literalmente en nuestro patio trasero cósmico.
🎯 La estrella más antigua resultó ser contemporánea de la galaxia, pero recién ahora comienza a inflarse para convertirse en gigante roja. La sorprendimos en el umbral de una transformación colosal, aunque ella misma es tres veces más vieja que la Tierra.
🎬 En la novela «Tau Zero» de Poul Anderson, el tiempo casi se congela para la tripulación de una nave acelerada, mientras que afuera transcurren miles de millones de años. El estudio de las estrellas antiguas es una forma mucho más accesible, pero no menos intensa, de rozar el abismo del tiempo sin abandonar nuestra Galaxia natal.