Un bailarín en el escenario proyecta una sombra por el foco. Por la sombra se puede adivinar el ritmo. Pero los gravitones entrelazados (unidos por un hilo invisible) — diminutas porciones de ondas gravitacionales (ondulaciones del espacio-tiempo) — ejecutan una danza sin sombras. Estas partículas nacieron en el momento de la inflación (la expansión superrápida del Universo, predicha por Alan Guth) una fracción de segundo después del Big Bang. Su estado es comprimido: como si un bailarín mantuviera el equilibrio perfecto, pero sus pasos fueran impredecibles. Los físicos querían ver este ritmo oculto a través de la luz.
Para ello se propuso utilizar la óptica cuántica (la ciencia de la luz a nivel de partículas). En una cavidad ideal formada por dos espejos (resonador) se colocan fotones, y desde fuera se hace pasar el fondo gravitacional — una débil ondulación expansión del universo (la expansión del Universo), descubierta por Edwin Hubble. Si los gravitones influyen en el número de fotones, entonces mediante la medición cuántica de las coincidencias (correlaciones) de las partículas de luz, se puede captar su estadística. Este método se asemeja a cómo en la década de 1950 Serge Haroche (premio Nobel de física cuántica) desarrolló formas precisas de seguir la luz en cavidades.
Sin embargo, los cálculos mostraron que el número de fotones en el resonador no cambia. La simetría prohíbe a los gravitones añadir o quitar luz. Por lo tanto, las correlaciones de los fotones permanecen igual que si no hubiera gravitones. Su danza, en principio, no proyecta sombras. No se trata de la debilidad (aunque el acoplamiento es minúsculo — alrededor de 10⁻¹³), sino de la estructura misma de las leyes. La información sobre la superposición de estados de los gravitones no se transfiere a la luz.
El método de correlaciones que se intentó aplicar fue inventado originalmente para medir los diámetros de las estrellas, y solo más tarde se comprendió su significado cuántico.
En la novela de Carl Sagan 'Contacto' se buscan señales artificiales mediante la estadística de pulsos. En la realidad, intentamos captar una marca cuántica natural, pero se escapa, como las sombras de bailarines invisibles.