El cúmulo de galaxias RXC J0528.9−3927 se asemeja a una ciudad envuelta en niebla: en el centro brilla intensamente un halo de radio, y más allá, fuera de los límites habituales, los astrónomos han distinguido un resplandor apenas perceptible. Se extiende a lo largo de dos millones de años luz, tres veces más lejos que el propio halo. El telescopio MeerKAT, en Sudáfrica, recogió esta luz tenue durante 12,9 horas, como un fotógrafo que captura el cielo nocturno con una larga exposición.
Para ver esta nube fantasmal, fue necesario restar la luz de todas las galaxias brillantes y cuásares, como un restaurador que elimina capas de pintura posteriores para revelar un fresco antiguo. El resplandor restante se comparó con un modelo: si solo existiera el halo central, el brillo debería disminuir suavemente hacia el borde. Pero a unos 700 mil años luz del centro, la disminución se ralentizó, como si más allá de la ciudad comenzara otra niebla, más tenue.
Este resultado es como la primera fotografía de un animal raro: ahora está claro que los megahalos existen también a frecuencias de gigahercios, pero para confirmar el hallazgo se necesitan nuevas observaciones a diferentes frecuencias. Si el espectro de la nube exterior resulta más pronunciado que el del halo central, no quedarán dudas. Entonces, los astrónomos comenzarán una búsqueda sistemática de estos fantasmas por todo el cielo, y sabremos con qué frecuencia aparecen y qué papel desempeñan en la vida de los cúmulos.
Los megahalos ocupan un volumen hasta 30 veces mayor que los halos de radio típicos, pero su brillo es 20 veces más débil: como una burbuja fantasma gigante alrededor de un núcleo brillante.
En la novela 'Solaris' de Stanislaw Lem, el océano del planeta crea estructuras gigantes invisibles en la luz ordinaria, algo parecido a los megahalos, que los astrónomos solo distinguen por su débil resplandor de radio.