Una célula cardíaca en una placa de Petri se contrae, y en ese instante una onda eléctrica recorre su superficie. Antes, para captarla, había que insertar en la célula una aguja-electrodo finísima. Ahora basta con mirarla bajo el microscopio.
El método se llama registro electrocrómico. Sobre el vidrio se deposita un material que cambia de color cuando el campo eléctrico cercano varía. La célula late, el campo fluctúa, y la mancha bajo ella se oscurece o se aclara. Una cámara registra estas oscilaciones a una velocidad de mil fotogramas por segundo.
Antes, este experimento requería un montaje voluminoso con una fuente de luz separada y lentes. Ahora todo cabe en un microscopio normal: miras la célula y, a la vez, registras su pulso eléctrico. Esto abre el método a miles de laboratorios que estudian el corazón, el cerebro y otros tejidos.
Así, las células dejan de ser mudas. Su conversación se vuelve visible, como luciérnagas en un bosque nocturno.
Los materiales electrocrómicos son los mismos que se usan en los vidrios inteligentes, que se oscurecen al pulsar un botón. Solo que aquí reaccionan a la electricidad biológica, no a la corriente del enchufe.
En la serie 'Altered Carbon' la conciencia se graba en un cristal; aquí, el patrón eléctrico de una célula se convierte en un patrón de luz, casi como un holograma.