Con el telescopio FAST, los investigadores buscaron señales de radio periódicas de origen artificial en el objeto interestelar 3I/ATLAS. Para separar la señal potencial de las interferencias terrestres, aplicaron el método de descomposición canónica poliadica (CPD), que descompone los datos en componentes independientes, destacando firmas temporales, frecuenciales y espaciales características. No se registró ninguna señal artificial fiable con una potencia superior a 0,146 W. Este trabajo amplía el arsenal de métodos de búsqueda de tecnofirmas y demuestra que el CPD es una herramienta útil para analizar datos de radio de múltiples haces.
3I/ATLAS irrumpió en el Sistema Solar como un invitado no deseado, un regalo del destino para los cazadores de inteligencia extraterrestre. Este cuerpo similar a un cometa viajero desde las profundidades de la Galaxia pasó lo suficientemente cerca para poder escucharlo en detalle, a diferencia de los lejanos exoplanetas. La propia naturaleza nos sugiere un ritmo: ya en 1967, Jocelyn Bell Burnell descubrió los púlsares, estrellas de neutrones que giran rápidamente y cuyas emisiones de radio recuerdan a un metrónomo. Si el cosmos puede marcar el compás, ¿por qué no buscar ritmos similares en posibles transmisores artificiales? Después de todo, la velocidad de la luz es un cartero fiel que entrega cualquier modulación, si la hay.
Imagina los datos de radio como un río enmarañado formado por muchos arroyos. El receptor multihaz del telescopio FAST apunta al cielo en varios puntos a la vez: el haz central se dirige a 3I/ATLAS, y los demás miran ligeramente hacia los lados, captando interferencias terrestres. En conjunto, estos flujos forman un tensor tridimensional — un cubo matemático cuyos ejes son el tiempo, la frecuencia y el número de haz. Aquí es donde entra en juego la CPD, un desenredador universal. Descompone este cubo en una suma de componentes, cada una con sus propios perfiles temporal, frecuencial y de haz. En esencia, separamos la 'voz' del haz central del coro de ruido, usando la entropía como medida de concentración: cuanto menor es la entropía, más se concentra la señal en el centro, como un foco brillante que destaca sobre un resplandor difuso. Así es como James Clerk Maxwell, quien predijo la existencia misma de las ondas de radio, podría haber imaginado la clasificación de las fantasmales vibraciones del éter.
La búsqueda se realizó en la banda L, que incluye la famosa línea de radio del hidrógeno (21 cm), una frecuencia que muchos consideran un canal universal para civilizaciones que hayan salido al aire. De las casi dos mil componentes extraídas, solo tres mostraron indicios de periodicidad. Dos resultaron ser la señal de calibración del propio telescopio, y la tercera se desvaneció durante la comprobación espectroscópica. Silencio. Un lienzo en blanco sin una sola nota. Pero este silencio permitió imponer una restricción muy severa: la potencia de cualquier transmisor isotrópico en 3I/ATLAS no supera los 0,146 W. A modo de comparación, un walkie-talkie portátil tiene una potencia decenas de veces mayor. El cálculo se basa en una elegante fórmula: EIRP = 4π d² S_min Δν, donde d es la distancia al objeto, S_min es la densidad de flujo mínima detectable y Δν es el ancho de banda. Nos recuerda que el cosmos es el mayor amplificador de la soledad: incluso un transmisor diminuto sería perceptible si realmente existiera.
Un resultado nulo no es un fracaso, sino una calibración del instrumento. El método CPD ha demostrado su capacidad para limpiar el espectro radioeléctrico de interferencias en observaciones multihaz, lo que supone un triunfo en la preparación para futuras batallas. Ya se planea reanalizar los datos con resolución de microsegundos para captar pulsos comparables a los trinos de los púlsares de milisegundo. Más adelante, se realizarán exploraciones de exoplanetas cercanos, donde las tecnofirmas periódicas siguen siendo un punto ciego. Estamos aprendiendo no solo a escuchar el cielo, sino a extraer de él ritmos artificiales, y cada 'silencio' nos acerca a la respuesta de la pregunta fundamental.
🎯 La descomposición poliádica canónica fue descrita por primera vez en 1927, pero su aplicación astronómica solo se ha hecho posible en los últimos años gracias al aumento de la potencia de cálculo y a la aparición de receptores multihaz.
🎬 La búsqueda de señales de 3I/ATLAS recuerda a la trama de la novela 'Cita con Rama' de Arthur C. Clarke, donde la humanidad encuentra por primera vez un objeto interestelar que resulta ser una nave extraterrestre. Las observaciones reales, por desgracia, no han detectado ni siquiera una radiobaliza.