El oído humano está diseñado de tal manera que el cerebro destaca principalmente los patrones conocidos: la voz del interlocutor, el ruido de la lluvia, la bocina de un coche. Sin embargo, el nuevo sistema funciona con un principio diferente: detecta cualquier ráfaga sonora, incluso una que nunca antes se haya encontrado. Este enfoque se llama audiodiarización: no es simplemente buscar ruidos específicos, sino dividir toda la grabación de audio en fragmentos con una marcación clara del inicio y el final de cada evento sonoro. A diferencia de los reconocedores clásicos, este método no requiere una lista predefinida de sonidos conocidos. Se puede comparar con un centinela atento que reacciona al más mínimo movimiento, sin preguntar si es amigo o un transeúnte casual.
Técnicamente, el método se basa en la misma idea que la espectroscopía: un sonido complejo se descompone en ondas armónicas simples, de manera similar a como la luz blanca se divide en bandas de arcoíris. Esta posibilidad matemática fue descubierta hace dos siglos por Joseph Fourier, quien demostró que cualquier oscilación se puede representar como una suma de sinusoides. El sistema aplica la transformada de Fourier al flujo de audio entrante y obtiene un espectrograma: la distribución de energía a través de las frecuencias en cada momento. Luego entra en juego la entropía, una medida de la sorpresa o informatividad de la señal. Las secciones de la grabación con un aumento brusco de la entropía se interpretan como límites de eventos sonoros, porque es allí donde cambia la estructura estadística de la señal: el ruido de fondo se reemplaza por algo nuevo. Así, el algoritmo separa las señales importantes del fondo monótono, sin necesidad de bibliotecas de muestras.
Este algoritmo "que todo lo oye" será útil en hogares inteligentes para detectar fallas en los electrodomésticos, por ejemplo, un golpeteo inusual del compresor del refrigerador, antes de que la avería sea evidente. En la naturaleza, permitirá monitorear animales, registrando cualquier vocalización sin entrenamiento previo en especies específicas. Y además, es un paso hacia la creación de asistentes para personas con discapacidad auditiva: porque lo realmente importante no es solo reconocer lo habitual, sino también captar a tiempo un sonido desconocido: una señal de peligro o simplemente un evento inesperado que una persona oyente notaría sin esfuerzo.
Incluso mientras dormimos, nuestro cerebro reacciona instantáneamente a sonidos desconocidos: un crujido repentino nos despierta más rápido que un ruido familiar. Este principio es el que está incorporado en el nuevo sistema.