Una galaxia se parece a una ciudad: en el centro hay luces brillantes y edificios densos, y hacia las afueras, luces dispersas y vacío. Pero si observamos cómo rota el gas en el disco galáctico, vemos que en las afueras su velocidad casi no disminuye. Como si barrios invisibles siguieran sosteniendo el movimiento. Los astrónomos han encontrado la manera de trazar ese mapa de la ciudad invisible.
Compararon dos magnitudes para cada distancia desde el centro: qué tan rápido gira la materia (lo que indica cuánta masa hay dentro de la órbita) y qué tan bruscamente cae el brillo de las estrellas. En el interior, donde hay muchas estrellas, el brillo cae de forma pronunciada. En el exterior, donde casi no hay estrellas, el brillo apenas cambia. La transición entre estos dos regímenes resultó ser suave, como una bajada en pendiente, y se describe con la misma curva matemática para todas las galaxias.
Al examinar 136 galaxias a diferentes distancias de nosotros, los científicos vieron que, en promedio, el límite se sitúa a 5,4 mil años luz del centro. Hasta ese límite, las estrellas son las que mandan; después, domina la masa invisible, llamada materia oscura. No se ve con telescopios, pero su atracción acelera el gas y las estrellas en las afueras.
Este rasgo tan simple permite estimar rápidamente dónde termina la materia ordinaria en una galaxia. Es como deducir por el color de la valla dónde acaba el sector privado y empieza el campo, sin necesidad de asomarse.
En algunas galaxias, la zona de transición ocupa menos de mil años luz: es como un límite abrupto entre el centro de la ciudad y las afueras, sin barrios intermedios.
En la novela 'Dark Matter' de Blake Crouch, el protagonista llega a un mundo donde la materia oscura afecta la realidad; y aquí, de hecho, determina dónde terminan las estrellas.