Los radiotransitorios de largo período (LPT) son una clase enigmática descubierta muy recientemente. Sus pulsos duran minutos u horas, y nadie entendía su naturaleza. ASKAP J1745-5051, captado por el telescopio australiano ASKAP, fue el primero en recibir una explicación completa. No es una estrella de neutrones solitaria, sino un sistema binario compacto que funciona como un faro cósmico: su haz de radio, generado por la acreción sobre la enana blanca, barre el cielo, y solo vemos un destello cuando apunta directamente hacia la Tierra, como el haz de un reflector giratorio.
La clave del misterio fue un análisis de banda ancha, desde el ultravioleta lejano hasta el infrarrojo. La minuciosa fotometría en imágenes de alta resolución permitió separar la luz del sistema de un vecino molesto. Luego entraron en juego los espectros sintéticos de atmósferas estelares y la simulación numérica de Monte Carlo, recreando el retrato de la pareja. En el ultravioleta y el óptico domina la enana blanca incandescente (~14 500 K). En el infrarrojo cercano emerge el débil donante: una enana marrón con una masa de solo 0,05 masas solares y una temperatura de unos 1 800 K, demasiado ligera para la fusión termonuclear. Aunque en las variables cataclísmica típicas la materia forma un disco de acreción, aquí el intenso campo magnético de la enana blanca —probablemente de decenas de millones de gauss— lo destruye, creando columnas de acreción que caen hacia los polos magnéticos. La luminosidad de la enana obedece la ley de Stefan-Boltzmann, y el período orbital está rígidamente ligado a la distancia mediante la tercera ley de Kepler, revelando la estrecha relación entre la temperatura y la mecánica del sistema.
El período orbital de 1,37 horas y la diminuta masa del donante indican que el sistema ha superado el mínimo del período, ese punto en la escala de la evolución estelar en el que la órbita deja de contraerse y comienza a expandirse. Estos objetos se denominan «period bouncers», y se buscaron durante mucho tiempo en el marco de la teoría de las variables cataclísmica. ASKAP J1745-5051 llena uno de los vacíos. La propia emisión de radio probablemente se origina en la zona de choque sobre los polos magnéticos, donde el material en caída forma puntos calientes que emiten de forma coherente, casi como en los púlsares descubiertos en su día por Jocelyn Bell Burnell.
Este descubrimiento no solo conecta las poblaciones de LPT y variables cataclísmica magnéticas, sino que también nos recuerda el papel fundamental de la materia degenerada, predicho por Subrahmanyan Chandrasekhar. Incluso la luz distorsionada por el medio interestelar y el polvo cósmico no impidió reconstruir el verdadero aspecto del sistema. En el futuro, las observaciones con óptica adaptativa y espectroscopía infrarroja profunda permitirán refinar los parámetros y, quizás, encontrar decenas de estos faros ocultos. La historia —desde los primeros pasos de Karl Jansky, que descubrió accidentalmente la emisión de radio cósmica, hasta los transitorios actuales— muestra cuánto esconde todavía el cielo de radio.
A pesar de su cercanía (320 pc), ASKAP J1745-5051 permaneció sin ser detectada como radiotransitorio hasta hace poco: su haz estrecho cubre solo una diminuta porción del cielo. De no ser por una afortunada orientación, quizá nunca habríamos conocido sus pulsos de radio, y el sistema seguiría siendo un fantasma invisible.