Dos anillos superconductores, separados por el vacío. El campo magnético está encerrado dentro, pero cada oscilación del flujo en uno resuena instantáneamente en el otro: sin corrientes, sin líneas de fuerza. No es telepatía, sino la danza del potencial vector, cuya realidad quedó demostrada por el efecto Aharonov-Bohm. A medida que crece el condensado, el baile se acelera, topándose con la barrera de la luz; y aquí, tal vez, se esconde la razón de por qué los grandes sistemas cuánticos pierden coherencia. Así vamos palpando el límite donde el mundo cuántico cede paso al clásico.
🎯 Es interesante que el cuanto de flujo magnético Φ₀ = h/(2e) pueda considerarse como el «átomo» mínimo de magnetismo en un superconductor. Precisamente él marca el «paso» del baile en el experimento descrito.