Un superconductor ordinario bajo un campo magnético es como una fogata bajo el agua: la superconductividad se apaga al instante. Pero en el cristal de UTe2, la historia es al revés. Allí, la «lluvia» magnética no sofoca, sino que enciende tres tipos diferentes de «fuego» cuántico.
Dentro del cristal, los electrones se funden en una única red cuántica y forman un condensado de Bose-Einstein, una onda que se desliza sin obstáculos. El campo magnético altera el grado de caos en esta onda, que se reorganiza como un fuego que bajo la lluvia no se apaga, sino que resplandece con nuevos matices. Aquí manda el electromagnetismo, la pareja inseparable de electricidad y magnetismo. Los electrones, mostrando su dualidad (a veces partícula, a veces onda), quedan suspendidos en un estado indefinido gracias al principio de incertidumbre. Y las leyes cuánticas del calor y los campos invisibles completan el cuadro.
La fase más resistente se enciende a 34 teslas y no se apaga hasta los 70 teslas, el doble de lo habitual. Esto cambia el guión establecido donde magnetismo y superconductividad son enemigos. Gracias a los trabajos de John Bardeen y Lev Landau, avanzamos hacia dispositivos insensibles a las tormentas magnéticas.
Dato curioso: El UTe2 es un superconductor único: no solo resiste el campo magnético, sino que florece en él. A 34 teslas aparece una nueva fase que perdura hasta los 70 teslas.