¿Cómo nacen los agujeros negros supermasivos en el Universo primitivo? Una nueva investigación muestra que cuando una nube de gas gigante se contrae, se generan ondas de choque que viajan casi a la velocidad de la luz. Estas liberan un mar de energía, frenando la caída de materia, como un atasco en la autopista donde los coches frenan y aceleran. Esto ayuda a explicar los misteriosos «pequeños puntos rojos» que ha encontrado el telescopio James Webb.
El telescopio James Webb encontró en el Universo temprano agujeros negros con masas de miles de millones de soles, aunque el tiempo para su crecimiento era catastróficamente escaso. Una explicación es la compresión directa de una enorme nube casi sin elementos pesados. Pero tal colapso no es tranquilo.
Con la compresión repentina surge una onda de choque, como agua que sale disparada de un cuello estrecho si se vierte demasiado rápido.
En total, el agujero recibe entre 5 y 7 veces menos masa.
Pero la misma onda, según la ley de equivalencia entre masa y energía, convierte en radiación hasta una décima parte del gas que cae, el doble de eficaz que el disco de gas giratorio. Este destello calienta la nube y crea brillantes «capullos» que ve el Webb en los núcleos activos de galaxias distantes (cuya luz está muy enrojecida por la expansión del Universo).
Los cálculos se basan en las soluciones de Schwarzschild para agujeros negros, las ecuaciones de la relatividad general de Einstein y la teoría de las discontinuidades de choque de Landau; las interrupciones en el flujo son inevitables según la ley del aumento del desorden, y futuras simulaciones por ordenador verificarán estas conclusiones.
🎯 Para que un agujero negro se vuelva visible en el borde del Universo, primero necesita escupir casi todo lo que iba a comer.