Luz que ha sido desviada de su trayectoria original por partículas o superficies.La luz dispersada es aquella que ha sido desviada de su trayectoria original por interacciones con partículas, moléculas o superficies. Este proceso es responsable del color azul del cielo, del enrojecimiento de los atardeceres y del resplandor difuso alrededor de estrellas y galaxias. En astrofísica, la luz dispersada transporta información sobre la composición y estructura del medio dispersante, desde el polvo interestelar hasta las atmósferas de exoplanetas.
La teoría cuantitativa de la dispersión fue desarrollada por Lord Rayleigh en la década de 1870, basándose en los trabajos previos de James Clerk Maxwell sobre el electromagnetismo.
Cuando la luz encuentra una partícula, su campo eléctrico induce oscilaciones en las cargas de la partícula, que a su vez reemiten luz en todas direcciones. La intensidad y la distribución angular de esta luz reemitida dependen del tamaño de la partícula en relación con la longitud de onda, del índice de refracción y de la polarización. La dispersión de Rayleigh domina para partículas mucho más pequeñas que la longitud de onda, mientras que la dispersión de Mie se aplica a partículas más grandes.
Se utiliza en teledetección, física atmosférica y astronomía para sondear las propiedades de las nubes de polvo, las atmósferas planetarias e incluso el fondo cósmico de microondas.
El efecto Tyndall — por el cual un haz de luz se vuelve visible al atravesar un coloide — es una consecuencia directa de la dispersión y es la razón por la que los faros de los coches aparecen como conos en la niebla.

