Tejido corporal no canceroso que debe preservarse de la radiación.El tejido sano se refiere a las células y órganos normales, no cancerosos, del cuerpo de un paciente que deben protegerse durante los tratamientos médicos, especialmente la radioterapia. El objetivo de muchos tratamientos contra el cáncer es administrar una dosis letal a las células tumorales mientras se minimiza el daño al tejido sano circundante, porque la radiación puede causar mutaciones, muerte celular y efectos secundarios a largo plazo.
El concepto se volvió central en la radioterapia a principios del siglo XX, cuando médicos como Irène Joliot-Curie, hija de Marie Curie, y otros trabajaron para mejorar la administración de dosis, pero el estudio sistemático de la tolerancia de los tejidos data de las décadas de 1930 a 1940.
La radiación daña el ADN, y tanto las células cancerosas como las sanas se ven afectadas. Sin embargo, las células cancerosas a menudo se dividen más rápido y son menos eficientes para reparar el daño, lo que las hace más vulnerables. Técnicas como dar forma a los haces de radiación, usar múltiples ángulos o administrar protones que se detienen a una profundidad precisa aprovechan esta diferencia, concentrando la dosis en el tumor y preservando el tejido sano. El software de imagen y planificación ayuda a mapear la ubicación del tumor en relación con los órganos críticos.
Es el principio rector en la oncología radioterápica moderna, incluida la terapia de protones y la radioterapia de intensidad modulada, donde los planes de tratamiento se optimizan para preservar órganos como el cerebro, los pulmones y el corazón.
La tolerancia del tejido sano a la radiación varía según el órgano; por ejemplo, el cristalino del ojo es muy sensible, mientras que la piel puede soportar dosis mucho más altas.









