
El océano y la atmósfera aprenden a hablar el mismo idioma
Dos bailarines están uno frente al otro, pero no se ven las caras. Uno es la atmósfera, rápida y ruidosa, que olvida sus pasos a las dos semanas. El otro es el océano, lento y pesado, que recuerda cada roce durante meses. Para que el baile funcione, necesitan aprender a guiarse mutuamente, mirando solo las manos del compañero.













