Bell's theorem shows that no local hidden variable theory can reproduce all predictions of quantum mechanics.Las partículas entrelazadas se comportan como si estuvieran unidas por un hilo invisible. La medición de una determina instantáneamente el estado de la otra, por muy lejos que estén. El teorema de Bell demuestra que no es un truco: ningún plan preestablecido puede explicar tal correlación sin una interacción más rápida que la luz.
John Stewart Bell, investigador del CERN, publicó en 1964 el artículo «On the Einstein Podolsky Rosen paradox», en el que derivó desigualdades para probar la localidad. El punto de partida fue la paradoja de Einstein–Podolsky–Rosen (1935), que afirmaba la incompletitud de la mecánica cuántica. Las primeras pruebas experimentales fueron realizadas por John Clauser y Stuart Freedman en 1972, pero los experimentos decisivos que cerraron la mayoría de las lagunas los llevó a cabo Alain Aspect (1982). Más tarde, los trabajos de Anton Zeilinger y otros reforzaron la conclusión. Por estos logros, Aspect, Clauser y Zeilinger recibieron el Premio Nobel de Física en 2022.
Las desigualdades de Bell se utilizan para probar los fundamentos de la mecánica cuántica y en tecnologías cuánticas: distribución cuántica de claves (proporciona seguridad demostrable), generación de números verdaderamente aleatorios, teletransportación cuántica. Los límites de aplicabilidad están relacionados con lagunas experimentales: no todas las partículas se detectan (laguna de detección), la libertad de elección de configuraciones puede estar restringida, y es posible una predeterminación superdeterminista. Una prueba completamente libre de lagunas sigue siendo técnicamente difícil, pero el progreso continúa.
Imagine a dos sospechosos que dan las mismas respuestas en un interrogatorio sin haberse puesto de acuerdo. Si hubieran pactado de antemano, la correlación de sus respuestas no podría superar un cierto límite: la desigualdad de Bell. Los experimentos muestran que este límite es violado.












